lunes, 29 de julio de 2013
hoy
hoy morí patinando. maté a silvina con demasiada dosis de sí misma. son breves los minutos en la vida en que uno logra sentirse uno mismo, y ahí sucede -el soponcio- diría mi abuela -o no- diría yo siendo mi abuela pero probablemente ella no lo dijera o sí. no es justo "volver a la vida" después de un paréntesis de algo que excede a la vida. es como le pasa al -no quiero decir burgués porque en esta sociedad no pasa por el poder adquisitivo efectivo sino más bien con las formas del deseo y las prácticas a que se llega a través del deseo- es como le pasa al arrutinado cuando vuelve de vacaciones - ¿es justo? puede alguien en este mundo trabajar y sentirse de vacaciones a la vez? hay grados de vacaciones y la gente que puede vivir ociando también siente que hay un irse de vacaciones que excede el vivir de vacaciones constante? -no es que esté igualando al desafortunado hombre que puede vivir en hoteles 5 estrellas viajando por el mundo con un desempleado que pasa los días de bar en bar viendo qué hacer. no, no es lo mismo, pero qué hay de igualdad en el ser humano? cuáles son los límites de lo mismo. se sentirá igual una borrachera sistemática con fernet en botella cortada que un rally de champagne y martini? qué es lo que hace al hombre igual y qué a las clases diferentes? Por qué al que amanece inconsciente por el champagne le parece deplorable el estado del que duerme en la calle con una cerveza en la mano? qué los hace sentir tan distintos? deberíamos des-demonizar a las clases altas para poder atacarlas de igual a igual. cuando digo desdemonizar me refiero a no atribuirles una inteligencia que no tienen. si la diferencia de clases se mantiene porque las relaciones de producción y la distribución de bienes y capitales es la misma a lo largo de las generaciones (no -exactamente- la misma, quizás en este -no exactamente- se abre la hendija para un -no la misma) este mantenerse es algo que excede la racionalidad de las personas (no del sistema). el sistema parece funcionar por sí solo como un monstruo que tritura lo que tiene a su paso. pero las personas, las clases, la experiencia concreta de vida de cada uno es muy distinta a la omnipotencia del sistema. sentirá el "empleador" las fuerzas coercitivas que ejerce sobre sus empleados a través de esa monstruosidad de las relaciones humanas que llamamos empleo? sí - somos todos un fausto que vende su cuerpo, (y con él el espíritu, las ganas, la mente, las horas, la vida) a cambio de un sueldo que paga la vida misma. todos trabajamos gratis, pagamos vida con vida y en el medio mantenemos a "el mercado" -el verdadero cuerpo del monstruo- creyendo mantenernos a nosotros mismos. ¿sentirá el empleado la crueldad del pacto? seguro que sí y más la crueldad de tener que entregar todo el sueldo a esas bocas hambrientas que muestran sus dientes y juegan a la transparencia en las vidrieras con las tácticas milenarias del deseo. como con los genios de la lámpara hay que tener cuidado con el deseo, aunque el mercado tenga forma de mujer y no de genio. cuando digo desdemonizar digo que quizás ni ellos se den cuenta de este sistema que hacen y del que forman parte como opresores. la sensibilidad humana tiene grados que la división de clases parece olvidar. comer en la calle me daría culpa en dos direcciones, desde abajo por el decoro y la imagen idealizada, des-corporizada (o virtualmente corporizada) que tienen las clases altas (qué abstracto, un vecino x), hacia abajo por que puedo y otros no pueden. Dos veces me debería sacar el pan de la boca para darlo o para esconderlo. y así pueden pensarse quizás todas las clases sociales "mentales". qué hay de humano en la extrema riqueza y qué en la extrema pobreza y qué hace una persona sentirse en una u otra dirección? - lo que sea quizás nos sirva para quitar esa coraza indestructible que parecieran tener quienes detentan el poder económico y del que -quizá- no sean conscientes y no sepan cómo sostenerlo con tanta seguridad. quizá en los quiebres de esta seguridad es donde se puede operar. en el vacilamiento, en la expectativa. no hay que darle al mercado lo que pide, hay que hacerlo de nuevo, cada vez, saliéndose del rol de consumidores, produciendo cada vez más, resquebrando la técnica la profesionalización des-legalizándolo. ya me estoy yendo por las ramas. después de todo mi muerte sobre patines no hubiera podido ser si no me hubieran regalado los patines hipeyanquis en los que anduve que me hacen sentir como si volara si es eso experimentable para un humano, pero a la vez no hubiera sido posible si tuviera que trabajar tantas horas como para alimentar un poco más al mercado. hoy le sustraje mi cuerpo una hora y fue mía y saqué mi cuerpo a pasear a sentir el viento en la cara. ¿le habrán vendido eso a mi regalador? le habrán dicho "con esto silvina va a sentirse un segundo más silvina? hoy sin duda después de eso me morí y dejé mi fantasma dando vueltas en rollers por el resto de la eternidad. y me traje este cuerpo cansado a ponerse en condiciones para el trabajo. horas de ocio sostenidas por horas de negocio. sigue dando vueltas el círculo de los días así como el fantasma de mí misma va a seguir dando vueltas y riéndose de lo aburrido que es vivir y lo injusto que es pensarlo cuando se puede.
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