lunes, 22 de julio de 2013

el lector

Nunca me sentí identificado por mi nombre pero ahora me es indistinto, ni siquiera me importa cuando me llaman por apodos que detesto, esa palabra la necesitan ellos. Yo ya no soy mi nombre y yo tampoco. me despreocupa hablar de ella en primera o en tercera persona si es que hay alguien a cargo de algo. me he muerto ya de tantas esas cosas que me aburre sentarme a decidir narradores de mi ya. corro siempre el riesgo de que nadie me entienda pero quizás peor sea ser entendida por Alguien. yo mismo no la entiendo y de hacerlo no seria yo. quizás es eso lo que me inhabilita a escribir en versos. pero qué entrega leerlos!no hay ningún otro momento del ser que disfrute mejor, es el momento de afirmación del yo por excelencia, -leer poesía-. sino sin duda estaría del otro lado. Hace unos días silvina me acosaba pensando en la idea de un mundo sin libros. se me cierra el pecho de ansiedad de pensarlo y me pregunto- cómo el cuerpo puede sufrir tanto si no leo tanto como para sufrir! silvina me tortura -ese gran dictador, la nena de 7 años que se enoja de aburrimiento y se encierra en las mil y una noches y reniega del resto de minutos de existencia. scherazade tirana que no conoce el goce ni nos deja imaginarlo. el imperio, un ropero de libros, lo ominoso- cadenas para este cuerpo inerte que no se cansa de practicar mil muertes, una cada día, sin poder curarse del no deseo y sin querer entregarnos a nada más que a su lectura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario