domingo, 6 de octubre de 2013

segundo

esta escritura no me sirve. ni a mí ni a nadie. como dijo un amigo, es puro narcisismo. y me hace daño. pero cómo sacarme de la cabeza estas cosas (u otras previas más difusas más acosadoras). escribir me limpia. expulsa las cosas que no son. yo intento extenderme, borrarme, pulirme, escribiendo. no soporto leerme. leo tan mi clase media! estúpida, contradictoria, quejosa, ciega. y siempre estoy tratando de alejarme de mi pasado, de mi entorno, de las ideas fáciles. pero este egotismo, esta soledad llena de yo, este consumo permanente -aunque sea de la nada misma- nada con forma de consumo (facebook!) me aliena, me pone compulsiva, vacía incontrolable. fuera me cuesta mirar a los ojos sin pensar en la miseria que le ofrezco a cualquier vista. trato de borrarme, invisibilizarme, silenciarme. momento del quiebre, la huida. escribir es lo mismo pero desde adentro. silvina escapa de silvina dejando huellas. es perseguirme la cola. ya no tengo ficción. los personajes se fueron muriendo y quedó este coro monológico de yoes. he aquí mi obra. ya ni leer puedo pero si pudiera, no escribiría. no es depresión, me aburre la depresión. no tengo fuerzas para la ironía. no tengo objetivos para la ficción. descreería de la inteligencia de mis lectores. pero quizás mi único resquicio de confianza en esto es que otra cosa no sé hacer. dediqué mi vida a poder leer mejor. siempre estuve segura de que algo estaba leyendo mal, que algo me faltaba. los errores se hunden siempre más bajo. cada vez falta saber más y cada día leo peor. ¿qué me ata a dejar todo y dedicarme a la vida, al trabajo manual que tan bien me hace? me desespero si no leo nada. siempre quiero otro lugar siempre estoy en el lugar equivocado. voy cambiando de trabajos, de amigos, de lugares, de libros. algo no cambia. trato de borrarme, de hacerme, de escribirme una y otra vez. me aburro. duermo, sueño que escribo. me despierto con dolor de cabeza. cuándo podré leer? como cuando era chica, cuando me dormía leyendo y no sabía en que momento había dejado de leer y empezado a soñar. como cuando apagaba la tele para irme a leer como si tuviera una plaza encerrada en mi cuarto. sin pensar en otro lado. con la mente ahí en la misma línea que los ojos. ahora no puedo, cada línea es como una hora de trabajo que tiene que pagar una deuda que crece a cada hora. vuelvo arriba porque el espacio de tiempo de pensamiento que debería estar usando para leer lo estoy llenando de este pensamiento. y mientras escribo recuerdo los libros que no leí y que deberían estar ayudándome a pensar en todo esto. no me sirve la filosofía para pensar el tiempo de la tortura interna. es como una danza donde a los bailarines se los traga el piso, la música se pone violenta y el acto depende del  movimiento de los cuerpos que ya no están. yo imagino el movimiento en escena. pienso en las articulaciones de los cuerpos siguiendo los golpes del ritmo de la música. pero tengo miedo, los cuerpos no están, no entiendo qué pasa, la música debiera parar pero sigue. no estoy seguro de ser el mismo que la que entró a ver la obra. el tiempo transcurre y el espasmo en el pecho se hace más fuerte. estás leyendo. sí pero qué? no se entiende. no eso, yo, estas ideas acosadoras, pero también, irrelevantes. zumbido de idea que sobrevuela la cara de una voluntad durmiente. qué se puede construir desde este estado?no una idea, no una oración. lloro discursos para concentrarme. estoy atrapada en todas estas cosas. quiero retomar mi vida, mi lectura. no puedo. escribo.

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